Las tres lecturas hacen alusión a una herencia histórica y la contextualización viva de
nuestra Colombia; una descripción cualitativa mágico-realista de la idiosincrasia
Americana vs la imposición colonial, de la pureza y riqueza humana andinas vs los
vicios, enfermedades y codicia desaforados de occidente; Una invasión que como el
cáncer se expandió por cada centímetro de nuestras selvas vírgenes, creencias, prácticas
y lenguajes tan significativos que representaron el inconmensurable lienzo y pintura de
un paraíso arrebatado.
Su indigencia de las malas costumbres solo llego disfrazada de un catolicismo salvador
de almas y condenador de los pecados; Porque nuestros falsos mitos, prejuicios y
tabúes representaron equívocos pensamientos, que en humildad y para el juicio
occidental fueron los recomienzos de la ignorancia insolente en el laberintico
oscurantismo del salvajismo.
¿Oscurantismo del salvajismo?
Los colonos que con su atraigo y apogeo pisotearon nuestro territorio, en su locura y
despilfarros de los incalculables tesoros e insignias míticas de nuestros pueblos
primitivos, condenaron el aroma de flora y fauna, la tibieza del sol y la resaca fantástica
del mar en imperios de sometimiento, sangre y destrucción del nuevo continente.
El ir reconocimiento de ¿Quiénes somos? Proviene del entrecruce más que racial de
unas fuerzas internas que bajo el espejismo de inocencia, asombro, el desbordante amor,
la pisca de creatividad y la nobleza , se confunden en el egocentrismo, individualismo ,
en la desaforada avaricia que es capaz de vender el alma al diablo por un centavo de
oro.
En un instante podemos ser capaces de hacer lo que toda una vida se ha querido evitar.
Tanto se reniega de un país tercermundista, tan indeseable para vivirlo y mencionarlo,
tan pobre que de sus riquezas ya nos hartamos convirtiéndolo en un espantoso desierto
en donde morimos de hambre y sed de justicia, transparencia, honestidad y verdadera
democracia para la igualdad e inclusión social.
Vivimos en la contradicción constante de que en pleno siglo XXI, tan creyentes y
espirituales nos indignamos por el prójimo que no rezo el credo en la iglesia y sin
embargo aceptamos con naturalidad y sin alarma los abusos en el hogar, la mala
convivencia en las comunidades, las políticas deshonestas y compradoras de
conciencias, una realidad que se desmorona ante el conformismo, la indiferencia y la
pasividad colectiva, la negligencia en los esfuerzos para la construcción de paz
¿Es este el país que queremos dejar al alcance de los niños? ¿Una herencia colonial,
burocrática y exclusión según el statu.quo?, ¿un régimen hegemónico de poderes
corruptos que cierren las puertas a la equidad y el desarrollo de los pueblos?
Pero vale rescatar también que en nuestra genética comportamental guardamos un
poco de esa pureza nativa, los sueños latinoamericanos, el espíritu guerrero ante la
adversidad y la riqueza significativa de la construcción cultural.
Con esta genética está la posibilidad de reconocimiento y sentido de pertenencia a las
realidades actuales, con grandes retos y limitaciones pero con necesidades para la
contribución activa, a la formación de nuevos sujetos sociales desencadenados
totalmente de la herencia negativa hispánica que ha originado guerras, muertes y
divisiones de naciones sin fundamentos racionales.
Rosas y Arcoíris no es el mundo, o acaso ¿esto es lo que debemos enseñarles a
nuestros hijos?
Huir de los problemas no es muestra de valentía, ni aporta a las soluciones; lo que nos
falta a todos los colombianos es un verdadero sentido de pertenencia a esta patria
multicultural, única en sus riquezas naturales que reclama a sus habitantes perspectivas
y actos de acciones transformadoras, de intervención colectiva en proposiciones y
búsquedas de soluciones viables y coherentes a las problemáticas.
El cambio depende década uno, como colombiano cansado de vivir en las migajas del
estado, azotado por la violencia indiscriminada que no permite conciliar el sueño,
indignado hasta el último rincón de la conciencia por permitir el ascenso y toma de
poder a ladrones en las curules del congreso y en los cargos políticos y administrativos
de nuestros recursos.
Reconocer los errores propios es el punto de partida para la edificación de nuevos
escenarios sociales, políticos, culturales y ecológicos.
Las nuevas generaciones no únicamente necesitan de la buena enseñanza, si no del
ejemplo, de acciones reales y palpables en el compromiso de un ciudadano que reclama
y hace respetar sus derechos, más tolerante, con sentido humanitario y valores para el
rescate de la sana convivencia.
Un ciudadano consiente y ecológico que se preocupa por la preservación de los recursos
naturales y la conservación de ambientes saludables.
Un ciudadano inclusivo que respeta las diferencias de pensamiento y manifestaciones
culturales arraigadas a prácticas particulares, un individuo que rechaza la
discriminación y que hace posible el surgimiento de espacios para el reconocimiento
multi- étnico.
Un ciudadano propositivo que reclama la verdadera democracia con propuestas claras,
realizables y acordes a las urgencias de las comunidades, que apoya a líderes
comprometidos y no a clientelistas políticos.
Las lecciones de masacres, la desesperación, el rencor, la inequidad y el olvido
gubernamental no deben ser el viagra para potenciar la violencia y destrucción de estas
tierras que un día fueron tan cálidas, placidas y de incomparable riqueza que nos acuno
en sus brazos y en tan mal agradecimiento ya no queremos pertenecer a ellas ;
Por el contrario, la contemporaneidad y su capricho en los vertiginosos cambios nos
reta a tomar partido en el asunto y dejar actitudes de menosprecio para transformar el
sabor agrio de las desventuras en un motivo de fortaleza y seguir en pie en la
edificación de realidades no utópicas y plasmadas en los bocetos de hermosos poemas e
historias inalcanzables , si no de realidades inmediatas, tan propias y con sabor de
identidad colombiana , que no cese en contribuir desde los hogares, las comunidades
locales y en si como dinámica global las estrategias para la formación ciudadana, el
fomento de la democracia , tolerancia y sana convivencia desde tempranas
generaciones, el rescate de la autenticidad cultural a través de la libre expresión y el arte
en los pequeños entornos, la promoción de la técnica y la ciencia en la potenciación de
sabiduría y creatividad a través de los procesos de enseñanza - aprendizaje
significativos que permitan acercar al individuo a la concientización social y ambiental
desde las problemáticas más cercanas en que se encuentra inmerso.
Educar, formar y fomentar actitudes de pertenencia y no de rechazo a nuestras
realidades colombianas.
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