Héctor Abad Faciolince desde su imaginación comparativa, tal vez, muy bien ilustrada y, tal vez, muy bien emparejada nos ha movido el corazón, nos ha despertado esa sensación de igualdad, pero a la vez, también ha conseguido que sintamos la pesadez de la comparación odiosa. Si bien Abad desde su ensayo ejemplar e inigualable ha puesto sobre la mesa mantel exquisito para deleitar a oídos y ojos afanosos de elogios en este el país de los dos océanos. ¡Sí dos océanos!.. los mismos que por occidente emergen desde el epicentro del olvido y el abandono: Tumaco, Nariño y Buenaventura, Valle del cauca, Cuna de delincuencia y narcotráfico hasta el otro hermoso océano que se encuentra germinando desde la que Abad llamaría el “Líbano” de América; dos océanos que parecieran ser el único orgullo patriota en esta la tierra adoptiva del que fuere el libertador de cinco naciones, esta misma que fuera la misma que vio nacer a Santander el que al libertador quisiere en algún momento asesinar, es la misma cubierta por dos hermosos océanos que tal pareciera fuera el único elogio existente y motivo de presumir.
Que tiene luego el Líbano que nuestra Guajira no pudiese tener? Acaso nos faltan Talibanes o Yihadistas? Tal vez no tengamos el orgullo de poseer tan ilustres exponentes del mal, pero sí, el terrorismo no es ajeno a nuestro hermoso “Líbano” de América como Abad lo ha catalogado, ¿será que en Beirut carecen del líquido más precioso del mundo como sucede en nuestra Guajira?
¡Que belleza!… ahora pasamos a la India, donde las vacas simbolizan el fervor de una pueblo que respeta a estos animales, respeto que en nuestra India a la colombiana se preste para las más sangrientas corralejas donde el carnaval de la muerte, la sangre y la masacre animal va más allá de las misma execrables faenas taurinas, en nuestra India colombiana quizá nuestros ancestros que purgan el karma de vivir prisioneros a la espera de su reencarnación muy seguramente terminen evolucionando en un sangriento ruedo avivado por Hindúes a la colombiana que bajo el eufórico efecto del licor y del vallenato arengan para que el sufrimiento animal sea del más puro nivel de crueldad.
Odín y su hijo Thor; no; una sonrisa esbozarían por semejante comparación que Abad suscita, las tierras germánicas y escandinavas que de vikingos y barbaros se colmaron y que por su fiereza y entrega en la batalla se caracterizaron acaso podrían ser comparadas con aquel vikingo que emerge de las tierras antioqueñas llamado Pablo Escobar que lágrimas de sangre causo a miles de colombianos? o quizá Carlos Castaño, Fidel Castaño y Vicente Castaño que brotan igualmente de tierras antioqueñas, serían motivo de orgullo de Odín y de Thor?
Ahora nuestra África chocoana, la misma que no práctica la religión Yoruba sino la católica y la cristina, la misma que no tiene un “Mandela” pero si tuvo un “negro Acacio”, la misma que no huye de conflictos raciales y políticos sino del narcotráfico, el secuestro, del terrorismo y de la delincuencia común, la misma África a la colombiana que desde su Ciudad del Cabo, Quibdó solo aspira que jamás se repita la pesadilla de sus ciento diez y nueve almas que con Changó quizá se encuentren, la misma África chocoana que desde la ilusión utópica sueña con una “Sudáfrica” pero sufre por no ser una “Nigeria”.
Nuestro Cauca y Nariño porque ser comparado con Perú, Bolivia y Ecuador si de hecho nunca lo han dejado de ser, basta recordar nuestro ya extinto imperio Inca el cual su poderío y tenacidad en Nariño concluía, porque olvidar a Túpac Amaru y a Atahualpa? Las líneas divisorias de un mapa geográfico hecho desde los espacios expansionistas y modernistas jamás podrán deslindar el alma ferviente del que nace en su pacha mama. Somos indios, indígenas, somos aborígenes, no, indios de la India ni mucho menos árabes, suizos, africanos, etc. Somos lo que somos, un pueblo chibcha nietos de los Aztecas y Mayas e hijos de los Incas, nuestra sangre corrió, corre y correrá por las selvas tropicales y húmedas, por los anchos y caudalosos ríos, nuestras almas muy seguramente volaran hacia: Tezcatlipoca, Quetzalcóatl, Hun ab Ku, o quizá hacia Viracocha, Inti o Mama Quilla, no hacia Odín, Changó, Brahma o Alá.
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